Romanos 5:1-11

Parte 11 de la serie de Romanos. (Haz clic aquí para ver toda la serie.)


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Pablo aplica la misma técnica dos veces en este pasaje, escribiendo “no solo en esto.” 

Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, 

Romanos 5:2b-3a

¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no solo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.”

Romanos 5:10b-11

Pablo usa esta frase para resaltar cuatro razones de porque podemos regocijarnos en la salvación de Jesús.

1. “Nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.”

Antes vivíamos sin esperanza. Pensábamos que no había esperanza después de la muerte. Pero ahora tenemos una esperanza que va más allá lo que podemos ver y palpar; ¡podemos entrar a esta esperanza gloriosa!

2. Nos regocijamos “también en nuestros sufrimientos.”

Vivimos en una cultura donde lo normal es huir del sufrimiento. Intentamos ignorar las dificultades, usando sustancias y experiencias para escapar de lo que estamos viviendo. 

En Cristo ni el sufrimiento nos puede frenar. Jesús mismo dijo “En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33) No tenemos porque ver al sufrimiento cómo el mundo lo ve — ¡podemos regocijarnos, porque Jesús ya venció!

3. Nos regocijamos porque “seremos salvados por su vida.”

Su vida es ahora nuestra vida; su sacrificio aseguró una vida más allá de la muerte. ¡Que buenas noticias! Podemos regocijarnos porque nuestra salvación, nuestro destino eterno, ¡ya no depende de nuestro esfuerzo sino de Jesús!

4. “También nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.” 

—Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo —respondió él—. Sí, les he dado autoridad a ustedes para pisotear serpientes y escorpiones y vencer todo el poder del enemigo; nada les podrá hacer daño. Sin embargo, no se alegren de que puedan someter a los espíritus, sino alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo.

Lucas 10:18-20

¡El cielo es nuestro, pero más hermoso aún es que Dios nos conoce! Él conoce nuestros nombres, ¡somos reconciliados con Él!

Podemos caer en la trampa de solamente desear los beneficios de Dios. Hablamos de su provisión, su mano, lo que Él puede hacer por nosotros.

Pero más allá que todo eso, lo que nos debe de provocar una alegría inmensa es que somos conocidos por Dios. ¡Que loco que el Creador de los cielos y la tierra conoce nuestro nombre!

Pregunta: ¿Cuales otros motivos tenemos por alegrarnos en Cristo?


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